
COMEDIA
✭✭✭✭
TÍTULO ORIGINAL:
Digger (2026)
DIRECCIÓN:
Alejandro G. Iñárritu
GUIÓN:
Alejandro G. Iñárritu, Sabina Berman, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone
ELENCO:
Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Emma D’Arcy
Hablar de Digger, la nueva película de Alejandro G. Iñárritu, resulta un ejercicio complejo dado que trasciende la sátira tradicional al proponer un diálogo acerca de la preservación cultural e histórica, que interpela no solo a sus protagonistas, sino también a los espectadores y al mundo del arte en general.
Tom Cruise es “Digger” Rockwell, un magnate del petróleo en medio de un escándalo cuando una de sus perforaciones desprende un enorme trozo de glaciar que queda vagando por el océano Atlántico. Ante la inminente catástrofe interviene el Gobierno de los Estados Unidos con su Jefe de Estado (John Goodman proyectando un Trump mesiánico en todo su esplendor) y parte de su gabinete, en un desfile de estereotipos de la derecha norteamericana. La voz de la razón en la habitación es Ganesh, el científico interpretado por Riz Ahmed, que transmite la exasperación al ser testigo del submundo en el que se encuentra súbitamente.
Lo que inicialmente se presenta como la contracara ecologista de Dr. Strangelove es en cambio lo que en inglés se conoce como cautionary tale —un relato de advertencia—, que expone la incompetencia, la ambición, la desidia, la inmoralidad y la inhumanidad de los poderes dominantes políticos y económicos. En ese sentido, Digger se asemeja más a No mires arriba, una película que fue recibida con un nivel de polarización similar.
No mires arriba puso en el centro del debate la desinformación, el negacionismo, el sensacionalismo mediático y la polarización social impulsada por la posverdad. Digger retoma temáticas similares, pero mientras la película de Adam McKay mostró el mundo desde los ojos de un par de científicos colapsados por la ignorancia colectiva reinante, Iñárritu y el equipo de guionistas —que incluye a sus viejos colaboradores Nicolás Giacobone y Alexander Dinelaris— eligen desnudar el secretismo y las maquinaciones de los grotescos hombres a cargo de nuestro porvenir.
Más allá de las valoraciones subjetivas acerca de la calidad del producto final, no es casual que dos proyectos que abordan crisis contemporáneas a través del humor dividieran a la crítica. La sátira como tal precisa de condiciones muy particulares para ser efectiva, una de las cuales incluye un objeto o sujeto digno de ser observado a través del prisma de la ridiculización.
El propio Armando Iannucci, creador de las magníficas In the Loop y Veep, ha admitido que estos tiempos tan polarizados y extremos dificultan una exploración hiperbólica de la realidad socio-política. El género se desdibuja cuando las figuras públicas se convierten en su propia parodia y colapsa el sentido común colectivo; en particular cuando a eso se suma la incapacidad de ciertos sectores de la sociedad de interpretar los productos culturales que consumen, debido a una combinación de razonamiento motivado y valores morales trastocados.
¿Significa esto que quienes no disfrutaron Digger no lo hicieron por incomprensión? Definitivamente no. La comedia es extremadamente subjetiva y la película tiene problemas que a esta altura podríamos calificar como inherentes a la obra del autor, que por momentos parece autopercibirse por encima del público al que se dirige.
Digger no es una película sutil ni necesariamente inteligente en su representación del poder. Es una ambiciosa apuesta de Inárritu que apela a referencias explícitas, villanos sin matices y un mensaje que no resulta provocador, olvidándose del desarrollo de los personajes o la profundización de algunas subtramas y desaprovechando parte del talento en pantalla.
Sin embargo, detrás de las fallas, la extravagancia, el ruido y la teatralidad se esconde una historia que aterroriza más de lo que divierte por su verosimilitud: las risas no son producto del humor sino de la incomodidad que genera entender que el remate del chiste en realidad somos nosotros.
Cruise es magnético como Digger, con el carisma que lo caracteriza incluso debajo de las prótesis y el maquillaje, en un personaje que evoca el espíritu de Les Grossman, su cameo en Tropic Thunder hace casi dos décadas. Difícilmente le alcance para los premios que tan desesperadamente parecía estar persiguiendo, pero no quedan dudas que tanto él como el resto del elenco están comprometidos con el proyecto, y ese compromiso eleva un guión que por momentos peca de incompetente.
Los aspectos que seguramente serán celebrados durante las próximas entregas de premios son los técnicos, en particular la fotografía y el diseño de producción. Más allá de los sets deslumbrantes y plagados de detalles que hablan de los personajes que los habitan, la película destila calidad y creatividad en cada rincón, apelando en la gran mayoría de los casos a efectos prácticos que la anclan en la realidad, en particular cuando rompe ciertas convenciones y fronteras.
Es muy posible que quienes no hayan disfrutado No mires arriba sientan el mismo desdén por Digger, en particular porque al virar al punto de vista de villanos despóticos y miserables el relato se vuelve frío, distante e hipócrita. Pero es innegable que Iñárritu tiene tanta visión como ambición, y en un Hollywood a merced de las fórmulas, esa osadía, que comparte con contemporáneos como Christopher Nolan, es digna de ser celebrada en la pantalla más grande posible.
· POR QUÉ SÍ ·
Porque es una obra monumental que destila calidad por todos lados y, aún con un guión perezoso que no deja lugar a segundas lecturas, construye un perfecto diorama de la realidad que nos toca vivir.
· POR QUÉ NO ·
Porque Inárritu construye sus referencias sobre las bases de su propia megalomanía, y porque la película es, casi literalmente, un festival de varones blancos heterocis gritando durante dos horas en habitaciones cerradas.
MÁS DE LO MISMO
Tres recomendaciones para seguir explorando temáticas, realizadores o protagonistas. Algunas obvias, otras quizá no tanto.

Dr. Strangelove (Stanley Kubrick, 1964)
Con esta mirada del poder norteamericano absurda y plagada de humor negro Kubrick nos dio una de las grandes obras de la historia del cine, junto a un Peter Sellers intocable interpretando a tres personajes. Es quizá la referencia más lógica por escala y estructura.

No mires arriba (Adam McKay, 2021)
Un grupo de científicos descubren que un asteroide va a destruir la Tierra y hacen todo lo que pueden para comunicárselo a una sociedad demasiado anestesiada por los poderes mediáticos y políticos. Llegó en un momento muy sensible pero es una gran sátira.

In the loop (Armando Iannucci, 2009)
Una maravilla de Armando Iannucci que sigue a un grupo de políticos y oficiales norteamericanos en medio de un conflicto con el Medio Oriente, lidiando con el director de comunicaciones del gobierno británico, un sacadísimo Peter Capaldi.